Datos personales

Mi foto
Buscando, pensando y volviendo a buscar

miércoles, 31 de agosto de 2011

El mundo será de los grises

"La virtud está en el término medio, entre el extremo por exceso y el extremo por defecto". Esta cita de Aristóteles me viene frecuentemente a la cabeza sin un motivo claro, ya que no tengo ni leves conocimientos de filosofía. Pero me resulta curioso que sea así y más en días en los que escribo sobre temas como el de hoy.

¿Qué es la virtud? Básicamente, es una cualidad estable de una persona, natural o adquirida y positiva, formada por la capacidad de aprendizaje, diálogo y reflexión de cara a obtener un conocimiento verdadero. Una definición algo barroca, así que pondremos en negrita lo que tiene que ser rescatado.

Uno despierta por la mañana, no sin cierta pereza; se toma un café soluble con dos cucharadas de azúcar y lo calienta en su microondas. Se sienta y comienza a leer los periódicos y absorber actualidad con la esperanza de que el mundo se recupere, se arregle. Con el deseo de que se evaporen la crispación, los malos entendimientos y los radicalismos. Pero es imposible. Ya ni siquiera digo difícil.

Me considero un tipo objetivo. O al menos mi intención es esa; no la de parecerlo, sino la de serlo. No busco la verdad universal, pero sí la que más se le acerque. No soy blanco ni negro, ni quiero serlo. Soy un grisáceo de mucho cuidado. Y esta es la causa por la que me altero cada día al leer los periódicos, ver los informativos o simplemente vivir mi vida como lo hacemos todos. Estoy cansado de contemplar y sufrir el “conmigo o contra mí” en la mayor parte de facetas que rodean mi día a día. Podría llamarlo el síndrome de la clase media. Nunca soy de unos ni de otros; cuando analizo un problema veo pros y contras, pero jamás me posiciono radicalmente en uno de los lados porque comprendo los argumentos del contrario (con excepciones, claro).

Entiendo y apoyo la militancia en una causa determinada pero sin ignorar el deber de avanzar en el conocimiento. A veces apoyamos ciertos movimientos o tendencias sin pararnos a pensar en su origen y modus operandi y simplemente fijándonos en las metas que persiguen. A lo mejor esto se resume en la dualidad que lleva persiguiendo al ser humano desde que yo lo conozco (veintinueve años de concienzudo análisis). El qué frente al cómo. El objetivo frente a los medios. El resultado frente a las formas. En cualquier caso, hablemos de una asociación, un colectivo o una simple actitud personal en nuestra vida, me parece esencial tener autocrítica para avanzar. Y quizá éste sea el verbo clave; el que debería ser más deseado y se convierte, sin embargo, en el más abandonado.

Estoy harto de estar continuamente envuelto en una guerra ideológica, una batalla constante donde el ser diferente va asociado a ser excluido, donde la discordancia se interpreta como una ofensa que debe pagarse. Todos los grupos están formados por individualidades diferentes, por muy homogéneos que sean. Y si tendemos a represaliar cualquier pensamiento o forma de ser ó actuar diferente de la mayoría que nos rodea, nos cargamos el sentido crítico que es el que nos hace avanzar y configurar nuestra personalidad.

En España nos encantan las etiquetas. Estamos en una sociedad formada por grandes o pequeños grupos, que dedican casi la totalidad de su tiempo a definir su exclusividad y marcar sus límites, olvidándose del verdadero fin o, lo que es mejor, de los medios ó formas que les han hecho juntarse. Claro, aquí nos gusta discutir. Pero, ¿qué es discutir? No es lo que vemos (o no) en Telecinco. Estamos olvidando que la discusión no tiene por qué tener un matiz peyorativo. Existe una incapacidad española manifiesta para divergir sin insultar, va en el carácter. No se defienden unas ideas ni unos valores ni unas medidas; se defiende una actitud, generalmente refrendada por un grupo. No sé si es miedo, instinto de supervivencia o simple conformismo borreguil, pero suele ser así. Aquí gana el más cabezón, el más pesado, el que más insiste. En las discusiones no se busca llegar a un punto en común, sino provocar los fallos del contrario y echarle en cara sus contradicciones. Y la manera más rápida de lograrlo es sacarle de quicio. Es el catenaccio fuera del césped convertido en relación social. En base a echarle dos cojones se mantuvo por ejemplo la selección española de fútbol durante noventa años. Eso sí, los triunfos de verdad se consiguieron con otro recetario.

Resumen de un pleno del Congreso de los Diputados. Intervenciones del PSOE, intervenciones del PP…se hace el silencio. En los medios de comunicación, el bipartidismo y ligeras menciones a los que más gritan y a los que más callan. Nada más. ¿Es que no hay más tendencias? Sí, pero no reciben atención mediática. Imposible encontrar autocrítica, aprendizaje, diálogo y reflexión en el foro en el que se descubre nuestro futuro. Y lo que es peor, no hay ni intención interna ni externa de salir de este círculo vicioso. Me pregunto si a los círculos de poder que rodean la política les interesan la diversidad de opiniones, la coherencia ó la pluralidad. Me respondo yo solo.

Todo esto siempre me ha descolocado y me he sentido profundamente dividido y entre dos tierras a lo largo de mi vida. Empecé con la EGB, continúe con la ESO y acabé en una universidad de segunda. Los libros me costaban un pico pero era “demasiado rico” para que me dieran una puñetera beca. De ayudas del estado, mejor no hablamos. No pertenezco a ninguna minoría, afortunada o desafortunada. Así es como triunfan los extremos. Sales de marcha y tienes amigos que quieren oír a Bisbal (“escuchar” es una utopía) y otros que prefieren malasañear. No es mi caso, pero a todos os resultará familiar esta discrepancia. Y la música que se escucha de fiesta nocturna es uno de los mayores puntos de discusión mal entendida. Vas al Bernabéu y te llaman “pseudomadridista” porque no apoyas a un entrenador maleducado, irrespetuoso y que incita a la violencia. Hace siglos, por ser heterodoxo te quemaban en la hoguera. Hemos mejorado; hoy en día, te excluyen, te ignoran con atención y te tratan como un bicho raro.

En general, la cuerda de la educación y el respeto ha hecho que me mantenga en un tira y afloja constante entre lo que he debido hacer y lo que me hubiera resultado más ventajoso. Y eso, en términos de sociedad, es una cagada. Aceptada y refrendada con coletillas tan gastadas como “ya, pero es así” o “¿y qué vas a hacer?”. Pero no por aceptada deja de ser cagada.

Yo abogo por pensar. En el qué, el cómo y el por qué. Y preguntarse a uno mismo. No pretendo imponer unos valores, pero sí me gustaría que cada uno actuara en base a unos, por muy diferentes que sean de los míos. Y ya si entre ellos están todos aquellos términos destacados en negrita en este texto, me redimiré de lo aquí escrito. Viviremos mejor, más tranquilos, más conscientes y aprovechando un mayor potencial. No vamos a cambiar el mundo pero sí vamos a mejorar nuestra vida.

Y observando el esperpento en que se ha transformado esta especie de sociedad con la que no me identifico en absoluto, a mí me vale con eso. Si soy un GRIS, lo seré hasta el fin de mis días…



Ilustración de Agustín Maya

martes, 23 de agosto de 2011

tolerando

Pasó la semana católica y me ha dejado una resaca desagradable pero que supongo corta. En todo caso, me sirve para actualizar casi un año después el blog, a ver si me depilo drásticamente la pereza y me inyecto algo de creatividad para poder escribir de vez en cuando. Aquí dejo mis comentarios sobre las Jornadas Mundiales de la Juventud, aprovechando la siguiente editorial de Inocencio Arias en El Mundo.

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/cronicasdeundiplomaticojubilado/2011/08/18/por-que-incordia-el-papa.html

"...un tipo listo este Inocencio Arias, siempre me cayó bien desde su época de directivo del Real Madrid.

La buena argumentación del texto y ciertas verdades no impiden ver que el señor Arias hace unas afirmaciones un tanto tramposas, muy del modo católico; es decir, amparándose más en las palabras que se lleva el viento que en los hechos que, generalmente, no coinciden con lo anteriormente expuesto.

Pongo en duda el orden y concordia de la invasión católica en Madrid estos días. El ruido es ruido, venga de un borracho o de unos teenagers adorando al papa; que se lo pregunten a los habitantes de cualquier distrito céntrico. Y la invasión, como tal, no puede definirse como ordenada, tratándola como invasión. Aunque esto es más responsabilidad de las instituciones que de los propios seguidores católicos.

Respecto al gasto público de la visita y el tema de la propaganda gratis...menos lobos, Caperucita. Está comprobada y aprobada la partida presupuestaria pública destinada a la JMJ, encabezada por la Sra. Aguirre, muy acostumbrada a saltarse los controles de dinero del consorcio de la comunidad (como por ejemplo el aumento del billete simple del metro). Quizá esto es lo que lleva a miles de madrileños a manifestarse en contra. Por cierto, en cualquier otra circunstancia los anti-manifestantes de una causa no pueden interferir en el desarrollo de la manifestación a favor de esa causa. Es decir, ¿qué pintaban los peregrinos católicos en Sol el día de la manifestación laica? He leído mucho sobre actitudes beligerantes pero nada sobre provocaciones ilegales, por no poder estar allí. Pero claro, ver a la policia cargar contra los pobres peregrinos es mucho pedir, es más fácil hacerlo contra los que se manifiestan legalmente.

Obviamente sería mucho más fácil apelar a la solidaridad de la gente si la causa de la jornada fuera algo más tangible, común y beneficioso a todos que no una creencia (respetable siempre) que desde las instituciones te intentan imponer.

Como dice el señor Arias, resumiendo. Quizá las protestas vienen por la actitud. La de la Iglesia, la del Papa, la del núcleo político pro-JMJ, la de los católicos que uno puede conocer personalmente, la que he comentado en el primer párrafo. No vale hacer trampas; no vale decir una cosa y hacer otra; no vale promulgar unos principios y actuar en base a otros muy distintos. Y sobre todo, no vale hacerlo con el dinero de todos en un estado declarado constitucionalmente laico. Quizá todas estas actitudes se resuman frases como la que la señora Aguirre colgó ayer en su twitter:

- La igualdad, dignidad, libertad... los ha traído el cristianismo. Que no se crean que los ha traído Karl Marx.

Y sin entrar en apreciaciones personales sobre la estética (clasista), simbología (de mal gusto) y discurso católico (demagógico) que oigo estos días, lo que está claro es que no hay nada más contradictorio que la palabra y las acciones de la Iglesia Católica, las pasadas y las presentes, muchas de ellas mejor no recordarlas y así lo hacen muchos de los jóvenes que inundan Madrid, a los que no me imagino llenando parroquias los domingos....así que si uno piensa un poco, no es tan extraño encontrar razones lógicas a la tirria de buena parte de la sociedad a la invasión católica de estos días.

Y aunque vivimos en un país profundamente extremo, incomprensible e hipócrita, tomar por cierta la última afirmación de Arias es pensar que somos todos imbéciles. Me río cuando veo el uso que se hace estos días de la palabra "tolerancia". Hoy mismo el papa ha pedido "radicalidad católica frente al rechazo de la fé". ¿Qué mierda de tolerancia es esa? Esta Iglesia no acepta la coexistencia, exigen el conmigo o contra mí. ¿Es "mala" la doctrina católica o los cimientos que la sostentan con una finalidad tendenciosa?, ¿tiene base juvenil la religión católica?, ¿o esa base está más fundamentada simplemente en lo que diga la Iglesia?

No conozco acción más intolerante que la imposición. Y es precisamente mi tolerancia la que me hace respetar el jaleo católico que trae el papa y su séquito pero mis derechos ciudadanos son los que me hacen cuestionar el cómo y el por qué. Es más importante la pérdida de dinero que el destino al que va, lo que no quita para que la indignación sea aún mayor.Así que si los católicos quieren venir a Madrid, que vengan cuando quieran. Igual que los ateos. Pero sin privilegios. O pagan todos o ninguno, crean en Cristo, en Buda o en Super Ratón. No hay mejor manera de mostrar tu tolerancia que aplicando la igualdad de trato. Y no hay ciudad más tolerante que ésta. Que se demuestre..."